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Continuamos con nuestro ciclo de conferencias «Casos de Transformación Digital para el Arte y la Cultura». Proyecto ganador de «Espacio Virtual» organizado por el Espacio Fundación Telefónica Lima.

Para sociedades que avanzan en el proceso de transformación digital y el de transferir servicios públicos y privados de lo presencial a lo digital, es importante identificar las distintas brechas de desigualdad que surgen a partir de este contexto; y así, poder brindar opciones de acceso para que las personas ejerzan su derecho a la ciudadanía.

Valeria Saavedra, quién tiene amplia experiencia en educación digital y metodología de la investigación, nos explica la importancia que tiene la AI en el desarrollo y refuerzo de habilidades, conocimientos y capacidades que necesitan las personas para desenvolverse e interactuar en el entorno virtual y digital.

Este video forma parte del ciclo de conferencias sobre «Casos de Transformación Digital para el Arte y la Cultura». Proyecto ganador de «Espacio Virtual» organizado por el Espacio Fundación Telefónica.

A la muerte de José Carlos Mariátegui el 16 de abril de 1930, éste recibió el agradecimiento de su vida y obra, acompañándolo masivamente a la que sería su última morada. Sus partidarios, se propusieron la publicación póstuma de dos de los libros que Mariátegui venía preparando en los meses de su vida, a través de la Editorial Minerva.

 

Por Ricardo Portocarrero(*)

Al año siguiente, un acuerdo multipartidario en el Congreso Constituyente de 1931, aprobó la propuesta de Víctor Andrés Belaúnde, uno de sus opositores políticos, de becar a los hijos de Mariátegui para que culminen sus estudios y, recopilar y publicar sus escritos, dispersos en numerosas revistas del Perú y el continente. Estos proyectos no llegaron a concretarse. El impulso de la “desmariateguización” del Partido Comunista promovida por Eudocio Ravines, la crisis económica mundial y la brutal represión de los gobiernos oligárquico-militares entre 1931 y 1956, no lo permitieron. Mariátegui se convirtió en un autor proscrito y perseguido. Pocos amigos, en el Perú y en el extranjero, promovieron y difundieron su obra durante las dos décadas siguientes a su muerte, sobre todo de manera clandestina.

Hubo que esperar hasta mediados de la década del cincuenta del siglo pasado para que, a instancias de su viuda Anna Chiappe y los hijos de ambos, a través de la Librería y Editorial Minerva, iniciaran el proyecto editorial más importante que se ha desarrollado en el Perú, para difundir la obra de un escritor peruano. Este proyecto que se inició con la recopilación, ordenamiento y publicación de las Obras Completas de José Carlos Mariátegui en veinte tomos de edición popular, que vendió aproximadamente dos millones de ejemplares, ya que solo las ediciones de los 7 ensayos tenían tirajes de 50 mil ejemplares.

La divulgación de las ediciones impresas de Mariátegui tiene su momento culminante con la publicación de los dos tomos de Mariátegui Total (con casi cuatro mil páginas), en el contexto del Centenario del nacimiento de José Carlos Mariátegui. Esta edición incluyó, además, los Escritos Juveniles, su Correspondencia y un álbum fotográfico. Esta es la edición actual que está circulando todavía en librerías.

Paralelamente a la publicación de las ediciones impresas de la obra de Mariátegui, se publicaron ediciones facsimilares de las revistas Amauta, Nuestra Época, Claridad, y el quincenario Labor. Cabe anotar que su libro más famoso, 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, ha tenido más de sesenta ediciones, incontables ediciones piratas y una veintena de traducciones a otros idiomas. En conclusión, se trata de uno de los acervos documentales más importantes del país que, además, no contó con el apoyo del Estado para su desarrollo. A ello se ha sumado, los quizás cientos de antologías publicadas en el Perú y en el extranjero, así como en otros idiomas. La más reciente, de Martín Bergel, se ha publicado este año (Antología, Siglo XXI Argentina, 2020).

Pero ese largo camino aún no ha terminado. Pese a la extensa difusión de su obra, que ha permitido que sea uno de los autores peruanos más leídos a nivel nacional e internacional, junto a César Vallejo, José María Arguedas y Mario Vargas Llosa, sus herederos consideraban que aún había mucho por hacer. Y estas nuevas tareas venían de la mano con las nuevas tecnologías. En 1994, los 7 ensayos se convirtió en el primer libro de un autor peruano que podía ser consultado y leído íntegramente a través de internet, alojado en la página web de la Red Científica Peruana (RCP).

En los últimos cinco años, el Archivo José Carlos Mariátegui se ha dado a la tarea, luego de un largo proceso de recopilación, ordenamiento y clasificación, de digitalizar la mayor parte de la documentación que se tiene sobre José Carlos Mariátegui. Su correspondencia, fotografías, la reconstrucción de su biblioteca, la bibliografía de y sobre Mariátegui, la edición integral de la revista Amauta, su documentación administrativa, y otros, pueden ser consultados de manera libre y gratuita a través de internet (www.mariategui.org). De esta manera, la obra de Mariátegui se encuentra a la vanguardia en el Perú en cuanto a la digitalización de los archivos personales de nuestros peruanos ilustres.

Desde el lunes 13 de julio, ad portas de conmemorar el 199º aniversario de la Declaración de la Independencia en la ciudad de Lima, el Archivo José Carlos Mariátegui pone en su plataforma digital al acceso a todas las personas interesadas de manera libre y gratuita, 134 artículos manuscritos originales de José Carlos Mariátegui digitalizados e indexados para consulta a través de cualquier dispositivo electrónico que cuente con conexión a internet. El sistema de indexación, permite la creación de una Base de Datos, basada en la descripción y análisis de cada documento, que permite hacer búsquedas de personas, temas, lugares, instituciones, entre otros, facilitando el trabajo de los investigadores y de los usuarios en general.

¿Cuál es la relevancia de estos escritos originales?

Para el investigador, se trata de información imprescindible. Existe la idea aceptada de que para conocer y estudiar a un autor, lo fundamental es consultar su obra impresa. En el caso de Mariátegui, la edición de sus Obras Completas y el Mariátegui Total, junto con las numerosas antologías, se han convertido en la principal fuente de consulta de sus escritos. Sin embargo, Mariátegui sólo publicó en vida dos libros, dejó en preparación otros tres, y la mayor parte de sus escritos quedaron dispersos en numerosas revistas del Perú y en el extranjero, particularmente en Mundial y Variedades. Eso quiere decir que las principales ediciones de la obra de Mariátegui, no fueron realizadas por él, con lo cual los criterios de recopilación, selección y ordenamiento fueros establecidos por terceros. Esto ha motivado, muchas veces, a que se consideren a estas ediciones como libros “orgánicos” de José Carlos Mariátegui. No se puede dejar de mencionar que esta es una nueva similitud entre Mariátegui y Antonio Gramsci con sus famosos Cuadernos de la Cárcel.

En ese sentido, conocer el proceso de elaboración de los escritos de un autor -desde su redacción hasta su impresión- para comprender su pensamiento, sus principales ideas y planteamientos, es fundamental. El contar hoy con 134 de los escritos originales de Mariátegui, aunque sea una muestra mínima de los más de tres mil que escribió en vida, es muy importante para comprender su proceso creativo. No hay que olvidar que Mariátegui fue, principalmente, un periodista, dedicado a la escritura casi diaria de escritos dirigido a un público muy amplio. La inmediatez era una característica necesaria de los escritos de Mariátegui, muy distinta a esos largos períodos de reflexión y revisión propios del autor académico.

Estos escritos nos permiten tener una idea aproximada de su forma de redacción de textos y de su sistema de trabajo. Las correcciones y enmendaduras, por ejemplo, posteriores a una primera redacción a máquina de escribir, nos dan una idea aproximada de ese proceso creativo. Más aún cuando, en los casos de algunos artículos republicados posteriormente en otras revistas, se podrá confrontar las nuevas correcciones y enmendaduras que pueden también a contribuir a comprender el desarrollo de sus ideas.

Como podrán ver los que consulten este material, la mayoría de los escritos se encuentran en papel copia. Esto se debe a qué en el trabajo periodístico, la hoja original era enviada por mensajería a la redacción de las revistas de Lima o por correo a las revistas del exterior. Como muchos periodistas y escritores, Mariátegui guardaba las copias en su archivo personal.

¿Por qué tan pocos artículos originales han persistido al tiempo?

Contrariamente a la imagen idílica que se tiene de Mariátegui como un intelectual que trabajaba tranquilamente en su casa, éste fue hostigado y perseguido de manera constante por la dictadura de Augusto B. Leguía (1919-1930). De manera continua, la policía retenía su correspondencia, sustraía documentos e, inclusive, asaltó su casa en dos oportunidades en donde se le confiscó parte de su archivo personal, entre artículos, cartas, revistas y libros. A ello habría que sumar los avatares de las mudanzas de su archivo tras su muerte, trasladada por Anna Chiappe y sus hijos debido a los cambios de domicilio; así como el proceso editorial para la impresión de las diferentes ediciones de sus obras; y finalmente, en las consultas y préstamos a diversos investigadores.

¿Qué tipo de información se obtiene con el sistema de búsqueda?

La información que se puede obtener con el sistema de búsqueda es muy diversa. Sólo mencionaremos algunas a modo de ejemplo. La primera, es que estos artículos fueron escritos entre 1923 y 1930. No hay escritos de su etapa juvenil, que Mariátegui rechazó tajantemente y ordenó destruir; ni de su período europeo, debido a las dificultades de su viaje de regreso y porque esos artículos fueron enviados desde Europa a la redacción del diario El Tiempo en Lima, dirigido por Pedro Ruíz Bravo. Más de la mitad fueron publicados en Variedades (74), y otro tanto en Mundial (54), cinco en otras revistas y una quedó inédita a su muerte –Roma y el arte gótico– como parte de su proyecto para publicar El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. Posteriormente, este artículo fue incorporado a este libro en la colección de las Obras Completas. Un segundo dato interesante es que, como estos artículos estaban escritos para ser enviados a la redacción de las revistas, solo una tiene su firma manuscrita.

Una tercera, son las referencias geográficas. De los 134 artículos, 99 corresponden a Europa (Francia 32, Italia 26, Alemania 24, Inglaterra 19, España 19, Rusia / Unión Soviética 14), 47 a Norteamérica / Estados Unidos, 20 a América Latina, 9 al Perú, y 3 a Asia. Este predominio de los temas europeos no es de extrañar, porque es sabido que la mayoría de los escritos periodísticos de Mariátegui entre 1920 y 1930, en términos relativos, tratan sobre el continente europeo. Esto podría ser interpretado como expresión de su supuesto “europeísmo”, o por el hecho de que, en general y hasta hoy, los especialistas en temas europeos son muy escasos, razón por la cual Mariátegui era muy demandado. Pero también hay que tomar en cuenta, que Mariátegui estaba muy interesado en Europa, por ser la principal sede, junto con Estados Unidos, de los países imperialistas. Sus escritos versan sobre su papel en el reordenamiento europeo de posguerra, el pago de las reparaciones aliadas, sus políticas coloniales e imperialistas, sus intelectuales, entre otros temas.

Finalmente, mencionar el número significativo de artículos dedicados a ciertos personajes. Entre los más mencionados se encuentran Benito Mussolini (15), Primo de Rivera (12) y Miguel de Unamuno (11). A pesar de que la muestra de artículos originales de Mariátegui no es representativa, esta información es muestra del gran interés de Mariátegui por estudiar los partidos y regímenes de extrema derecha, particularmente el fascismo, que en esos años predominaban en el continente europeo. Un tema sobre el cual el recordado crítico literario italiano, Antonio Melis, ha reconocido su valor e importancia incluso para el público italiano. El tercer lugar en estas referencias de Miguel Unamuno, es un hecho suficientemente significativo para reabrir el debate sobre la influencia del filósofo español en la obra y el pensamiento de Mariátegui.

Pero las tareas del Archivo Mariátegui no han concluido. Todavía hay mucho material que trabajar. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, las fichas y las anotaciones de las conferencias dictadas por Mariátegui en las Universidades Populares Gonzáles Prada, y los recortes de sus artículos publicados en las revistas Mundial y Variedades. Ello dependerá del interés y el apoyo que se obtenga del público que consulte los diversos fondos y materiales del Archivo Mariátegui, al cual están cordialmente invitados.

* Ricardo Portocarrero es historiador y co-director del Archivo José Carlos Mariátegui.

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¿Has escuchado el término infoxicación o infodemia? ¿Sabes en qué consiste el content curation o para qué sirven las guías temáticas? Y si es así, sabías que no toda guía temática califica como content curation, así como no toda content curation pasa por uso de LibGuides o SubjectPlus.

Todas estas interrogantes son respondidas por Christopher Hernández, quien tiene experiencia haciendo content curation con LibGuides, y que mediante didácticas imágenes nos presenta una introducción a esta nueva práctica en las bibliotecas y cómo las guías temáticas permiten organizar la información relevante y confiable. Asimismo, presenta algunas experiencias que se han venido implementando en instituciones públicas y privadas en el Perú.

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En esta tercera entrega, Eugenia Sik –archivista e historiadora– nos habla sobre la problemática de los archivos personales y cómo se pueden desarrollar políticas de archivo para archivos personales. Asimismo, reflexiona sobre los cambios que se están produciendo en las colecciones archivísticas dentro de un entorno digital, lo que implica: cómo contamos lo que tenemos en nuestros archivos y cómo ofrecemos estos documentos a la ciudadanía.

Además, recorre la importancia de la Archivística, a partir de la bibliografía existente y toma como disparador la experiencia de trabajo en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI, Buenos Aires, Argentina).

Estructura:

  • ¿Qué es un archivo personal?
  • ¿Qué problemas teóricos y metodológicos básicos nos encontramos a la hora de abordarlos?
  • ¿Cómo responden las instituciones vinculadas a la gestión de archivos ante este fenómeno?
  • ¿Qué nuevos desafíos nos propone la era digital?

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En esta segunda entrega, Andrés Ureña nos habla sobre el Storytelling, una herramienta con la cual las instituciones pueden crear historias con los recursos de información disponibles en sus repositorios; y además, cómo estos pueden dinamizar la información y llegar a un mayor público.

 

Asimismo, a través de didácticos ejemplos, nos explica la importancia de entregar un mensaje claro a las personas sobre las actividades que realizamos y sobretodo el objetivo que perseguimos como institución.

 
Pueden revisar:

«The Avant-garde Networks of Amauta» explores the social movement from Latin America in the 1920s

By Barbara Purcell

Economic exploitation. Class and racial disparities. A need for radical change. This isn’t a recap from the most recent Democratic debate; it’s what helped spark a social movement in Latin America during the 1920s and still reverberates today. «The Avant-garde Networks of Amauta: Argentina, Mexico, and Peru in the 1920s» at UT’s Blanton Museum of Art is a robust exhibition documenting a short-lived yet action-packed leftist ideological era that served to empower the non-elites of the day, from peasant to professor. Modernization, it turns out, is an old idea.

The exhibition, which previously traveled to Madrid, Lima, and Mexico City, is now on its tour’s final leg here in Austin. The sizeable catalog that accompanies the show – which features over 200 works – serves to contextualize the movement’s many cultural complexities, international influences, and ideological contradictions. Centered around the publication Amauta, a proto-«alt zine» published in Peru between 1926 and 1930, the exhibition covers politics as much as poetry, pre-Colombian art as well as postcolonial essays. Paintings feature as prominently as pamphlets.

Amauta was started by the writer, activist, and «self-taught» Marxist José Carlos Mariátegui, who was born in Southern Peru and raised in Lima. At a young age, he contemplated the priesthood before turning his attention to journalism, writing for increasingly left-wing newspapers until he decided to start his own: La Razón. But his radical venture went too far for the ruling government at the time; Mariátegui quickly headed to Europe, where he traveled through avant-garde art circles in Germany, France, and Austria before settling in Italy. Upon returning to Peru three years later, the twentysomething began interacting with various figures in the intelligentsia.

Energized by his exposure to European modern art and literature, he continued honing his leftist interests in politics and culture. By the time he began publishing Amauta (Quechua for «wise one,» in reference to the ancient Inca nobility), Mariá­tegui had amassed a large network of artists, intellectuals, and writers to take part in his publication, creating a veritable salon without walls – an early form of social media.

The exhibition begins with an oil painting of Mariátegui by the Argentine artist Emilio Pettoruti, whom he had befriended while in Italy. It is a logical starting point, a portrait of the activist as a young man, just as his brief yet blazing career began. (Mariátegui died less than 10 years later, in April 1930 at the age of 35, due to health complications from a childhood leg injury.)

Despite his encounters with European avant­-gardism and keen interest in classical Marx­ism, Mariátegui returned to Peru with a desire to explore these ideas within the context of his own society. He chose to break from those Eurocen­­tric influences in order to stoke a regional and, more broadly, Latin Amer­ican conversation. Peru­vi­an expats in Hava­na, Mexico City, and Buenos Aires helped to expand the social movement in those regions; and though the movement remained unnamed, its collective energy became unmistakable. Amauta offered an intellectual and cultural forum for a multitude of -isms: socialism, anti-imperialism, Indigenism.

Not to mention art. Artist José Sabogal oversaw the journal’s graphic program and designed many of its cover images, including the one for the first issue in September 1926: a red and black woodblock print of an elder in traditional garb. The strong image paid homage to both the ancient Incan empire and the role of the marginalized Indian in contemporary Peruvian society. Such woodblock images served to reinforce aesthetic notions of primitivism and the perils of modern society, the labor-intensive nature of hand carving in stark contrast with the impersonal swiftness of mechanical production. From the magazine’s inception, Indigenism and activism were woven together with socialism and modernism, as complex and detailed as an Andean Indian wall tapestry.

The exhibition features both Indigenous objects such as textiles and earthenware, and modern art – paintings inspired by cub­ism and futurism – further illustrating the multi-disciplinary complexity of Amau­ta. An ornate red cedarwood door carved by university students under the tutelage of designer Gabriel Fernández Ledesma and sculptor Guillermo Ruiz, for instance, hangs impressively in one gallery as an important symbol of traditional artisans’ work, much like those woodblock prints so heavily dominating the magazine’s graphics. (Italian artist and activist Tina Modotti photographed the door for the magazine’s 20th issue.)

In the final part of the show, glass encasements displaying journalistic and printed materials of the day speak to the movement’s strong political pulse. At the heart of it is a first-edition copy of Seven Interpretive Essays of Peruvian Reality, featuring Julia Codesido’s Incan-inspired original cover art. Published in 1928 and widely regarded as Mariátegui’s Marxist masterpiece, the collection addresses such issues as the economy, modernization, and the plight of the oppressed, particularly the «problem of the Indian.»

Codesido’s oil painting Mer­cado indígena (1931), produced a year after Mariátegui’s death, serves as a poetic end note for both the exhibition and the kinetic era brought on by Amauta. The painting depicts a vibrant village scene with figures dressed in traditional Andean clothing at a local market, buying and selling flowers as well as various handmade crafts. There is a joy and dignity on their faces, adults and children alike – even the donkeys and barking dog appear happy to be there. The scene conveys an idyllic Peruvian existence, clearly made better by Amauta‘s brief but intense impact. It’s a celebration of what Karl Marx referred to as «species-­being» or human fulfillment – a revolutionary vision shared by José Carlos Mariátegui.

«The Avant-garde Networks of Amauta: Argentina, Mexico, and Peru in the 1920s» is a fascinating examination of a social movement that has echoed across a century, perhaps to our own upcoming election. A once palpable momentum once again seeking revolutionary change. This time, in the form of a democratic socialist who might just be our country’s next president.

El artículo originalmente fue publicado el 6 de marzo de 2020 en The Austin Chronicle. 
 https://www.austinchronicle.com/arts/2020-03-06/new-exhibit-at-the-blanton-will-have-you-feeling-the-bern/

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Con este video damos inicio al ciclo de conferencias sobre «Casos de Transformación Digital para el Arte y la Cultura». Proyecto ganador de «Espacio Virtual» organizado por el Espacio Fundación Telefónica Lima

 
Jose-Carlos Mariategui y Ana Torres conversan sobre el trabajo realizado, estos últimos cuatros años, en el Archivo José Carlos Mariátegui. Indagan y enfatizan la importancia que tiene, no solo la digitalización, la descripción y el análisis semántico sino también el acceso libre y gratuito de la información.
 
Asimismo, nos cuentan sobre las diferentes investigaciones y/o actividades culturales que se han desarrollado en torno a la figura de José Carlos Mariátegui, a partir de trabajo realizado con su archivo personal.
 
El contenido de la exposición es el siguiente: 
– Introducción del Archivo Mariátegui
– Análisis y Gestores de Información
– Investigaciones
– Visualización de Datos
– Gestión Cultural
Este video forma parte del ciclo de conferencias sobre “Casos de Transformación Digital para el Arte y la Cultura”. Proyecto ganador de “Espacio Virtual” organizado por el Espacio Fundación Telefónica.

Nota Preliminar

A los pocos días del fallecimiento de Anna Chiappe de Mariátegui, su hijo Javier Mariátegui Chiappe (1928 – 2008), escribió una serie de anotaciones e ideas breves encapsuladas en párrafos que se fueron modulando en una carta imaginaria a su madre. Se trata de un ejercicio epistolar y afectivo de diálogo con Anna a partir de recuerdos, anécdotas y datos biográficos sobre ella, José Carlos Mariátegui, y el Perú de su tiempo a los que sumó aspectos filosóficos, literarios, aforismos e ideas en torno a la vida y a la muerte.

Este sentido y emotivo ejercicio escrito fue elaborado a lo largo del primer mes de la desaparición física de Anna. La carta fue impresa y se mantuvo en uno de los estantes de la biblioteca de Javier Mariátegui. Allí, entre dos libros, la carta quedó latente, esperando que sea transmitida y leída por Anna. Luego de treinta años de haber sido escrito, considerando el valor personal, afectivo y documental que representa este íntimo documento, lo publicamos como un homenaje a la memoria de Anna Chiappe y en el recuerdo de su hijo, Javier. 

José-Carlos Mariátegui Ezeta

CARTA A ANNA CHIAPPE

Querida Anna:

Hace un mes calendario, el 16 de junio a las 3:13 minutos de la madrugada, abandonaste tu envoltura corporal para incorporarte a la memoria colectiva de la historia, a la que accedes con bien ganado merecimiento, puesto que tu vida excede largamente el recuerdo familiar.

Resulta difícil evocarte desde la muerte pues fuiste siempre la afirmación de la vida, de la exultancia de lo vital.

Eras en realidad la negación de la vejez en el sentido más bien físico, de deterioro progresivo y empobrecedor que se le asigna a ese estado.  Congruente con la idea de Azorín que distingue la vejez de la ancianidad, supiste acomodarte con elegancia a una noble ancianía, en todo caso fue patente lo que Simone de Beauvoir ha llamado la “sabia resignación del ocaso”

Como los héroes de los poemas homéricos se te concedió una vida larga y una muerte sin dolor.  Detuviste tu tiempo de existir sin estertor ni violencia.  Diste una batalla final hasta la última energía de tu miocardio, rodeada de nosotros, los médicos y el personal de una unidad de cuidados intensivos, pues no aceptamos la conducta a la que lleva la aterradora etiqueta de “enfermo terminal”, acuñada impiadosamente por la medicina tecnológica.

Tuviste una sólida formación escolar en la mejor tradición del liceo florentino.  Asimilaste las formas básicas de las lenguas clásicas y manejaste diestramente, además del italiano de la mejor estirpe, el francés y desde luego el español, que hablabas sin extranjerismo ni muletillas, fluido y cabal, dueña como eras de la suave y al mismo tiempo enfática adjetivación castellana.

Tu método educativo estuvo centrado en la conducta ejemplar propia.  No exigiste a nadie lo que no podías pedir de ti misma.  Recurriste a las reservas espirituales y morales, en un estilo a veces silente pero lleno de comunicación total:  un gesto, un giro, una ironía, una conseja.  Jamás la palmeta del dómine, el castigo físico u otras formas de corrección primitivas.  La esencia de tu método la descubrí ya mayor: se basaba en el aforismo, en aquella forma de expresión breve, pero al mismo tiempo cargada de significación. Aforística fue la enseñanza básica de la medicina hipocrática.  Aforística es la mejor educación de todos los tiempos.  Alguien ha dicho que enseñar es simplificar y elegir.

El trabajo fue la norma, la estructura básica de tu actividad total.  Derivabas satisfacciones espirituales del trabajo mismo, más allá del mero ejercicio ergométrico o productivo.  Descubriste, tempranamente, en las horas densas de las etapas duras a las que estuviste expuesta tanto en tu adultez joven cuanto en tu senescencia temprana, el valor psicoterapéutico de la labor, de la praxiterapia, para decirlo en un término que incluye al mismo tiempo el trabajo y el sentido creador del mismo.

Tu adjetivación certera era uno de los placeres que se derivaban de tu conversación porque también, como una continuación de la tertulia del Rincón Rojo de la Casa de Washington, hiciste en la Minerva de la Avenida Grau en Barranco un lugar acogedor que congregaba a intelectuales, artistas, viejos dirigentes obreros, jóvenes de porvenir, en fin, gente de cultura de la más diversa extracción social.  Al término de ellas, ya de noche, me tocaba el privilegio de servir de lazarillo a Manuel Beingolea, -excelente novelista injustamente olvidado- en sus años otoñales, hasta su casa en el Malecón de los Ingleses.  Mucho aprendí de don Manuel en mis años de adolescencia temprana.  Empalmé después esta escuela de “escritores orales” con el doctor Juan Francisco Valega, de cuya amistad y compañía disfruté desde mis años de aprendizaje de la psiquiatría en la Residencia del Hospital “Víctor Larco Herrera” -de tiempos mejores- hasta la víspera de su desaparición, a poco de cumplir los 93 años “de su edad”.

Siempre te sorprendió la “chispa limeña” y “criolla” en general.  Te parecía que los apodos o sobrenombres acuñados por nuestro ingenio popular eran los mejores del mundo.  Como en Valega, la ironía y el decir “burla burlando” o la combinación de “burlas y veras”, eran las vías legias que canalizaban tu agresividad verbal, en realidad benigna y hasta recatada.

Por eso adunastes a tu bien provista reserva de proverbios toscanos, los que fuiste aprendiendo de la maravillosa cantera del refranero castellano.  Tenías un vastísimo repertorio de estas esencias del saber popular.  Apotegmas y otras formas breves de la fabla castiza se incorporaron a tus variadas e imaginativas formas expresivas.

Afirmaste siempre tu plena independencia de domicilio y de economía.  Generosa hasta el límite de tus posibilidades, mucha fue la gente conocida beneficiada por tu largueza, desde el dinero proporcionado al necesitado con la seguridad de su imposible reembolso, hasta el papel para máquina obsequiado discretamente al escritor en la inopia y la cartulinas, crayolas y témperas facilitadas subrepticiamente al artista crónicamente indigente.

Viviste con holgura pero con sobriedad exclusivamente de tu trabajo, sin el menor asomo de interés por las cosas materiales.  Alguna vez, en un ramalazo de depresión fugaz, cuando pasaste la ochentena, te dio por pensar en la muerte; me confiaste tu preocupación que te sobrara vida y fuera corta la economía, tu propio dinero, ganado con personal esfuerzo, pese a que contabas con el potencial apoyo de nosotros.  Te queda la satisfacción de haber atendido todos tus gastos, los derivados de tus cuidados y la enfermedad, incluyendo las exequias -sobrias y privadas de acuerdo a tu petición expresa- y queda aún lo que constituirá la Fundación que, también atendiendo a tu deseo, centrada en tu casa de Alcanfores, la Villa Annita, será centro de archivo, información y documentación de la investigación mariateguiana.

Tu educación fue realmente ejemplar, pues supiste conculcarnos valores de vida decente, con limpio respeto de la personalidad propia en su unidad profunda, entendiendo que cada quién es único y debe ser admitido y respetado como tal, en incesante dialéctica con un mundo de múltiples aferencias.  Gracias a esta amplitud de criterio cada uno de nosotros pudimos desarrollar, hasta el límite del propio esfuerzo, las diferencias y contrastes de “esa amalgama indefinible que llamamos nuestra individualidad” (Baudelarie)

Hiciste, de la fortuna de ser pobre, el recurso eficaz para el desarrollo personal en un estilo de vida ascendente.

Un solo espacio fue aceptado sin reserva, como de obligado acatamiento y de ineludible confluencia:  el culto por la memoria de José Carlos y el imperativo de difundir su pensamiento fundador.

Fuiste implacable contra la deshonestidad, la mediocridad y el arribismo.  Radical y absoluta en esta conducta ética, lo eras aún cuando exagerabas el alcance de tu admonición.  Repetías hasta los últimos años un duro proverbio toscano:

“Perdonare e da saggi dimendicare e di stulti”, que traducías como “Perdonar es de cristianos, olvidar es de tontos”

Post Scriptum. Las benemerencias reconocidas a lo largo de tu vida garantizan tu acceso a la bienaventuranza eterna.  Si un inadvertido pecata minuta te retiene en alguna cornisa del Purgatorio, me es grato informarte que tal es el número de misas locales y de Tierra Santa, recordatorios, ofrendas y coronas de caridad, que hemos recibido en estos días de duelo, que tu paso por esas cimas debe ser levísimo, aunque lo encuentres entretenido.

Javier Mariátegui Chiappe

Hoy 16 de junio se cumplen 30 años de la desaparición de Anna Chiappe, compañera del Amauta desde 1921 hasta su fallecimiento en 1930, y tenaz difusora de su obra y pensamiento.

José Carlos Mariátegui y Anna Chiappe

Por José-Carlos Mariátegui

Anna Chiappe (originalmente escrito “Chiappa”) nació el 26 de julio de 1898 en Lucca, Italia; pasó su infancia y juventud entre Siena y Florencia, emblemáticas ciudades del paisaje toscano. Su padre Domenico Maria Chiappa tenía 72 años cuando ella nació, era 46 años mayor que su esposa, Iacopa Iacomini. Al morir Domenico, Anna quedó al cuidado de unos tíos propietarios de un restaurante campestre en Nervi. Fue en este restaurante donde conoció a José Carlos a finales de 1920.

Anna Chiappe Vda. de Mariátegui recuerda sus diez años intensos al lado del «Amauta». Del noviazgo al fin…

Por Mario Campos

DEBAJO de un retrato de José Carlos sonriente, Anna Chiappe intenta aparecer menos nerviosa, sin esa expresión de angustia que le cubre el alma cada mitad de abril, tantos años hace, desde el 16 de abril de 1930, tantos años hace, sin el compañero que conoció en Florencia, que empezó a amar en Florencia, renací en tu carne cuatrocentista como la de «La Primavera «de Botticce- li».

La mañana del jueves no hacía ni frío ni calor. Bien peinadita, con un impecable conjunto sastre a rayas, la señora Anna Chiappe de Mariátegui esperaba debajo del retrato de su marido. En los ojos se parecían. Los mismos ojos se les salían, y con idéntica expresión de pasión, como saltando y con vida eterna. «¿José Carlos?», «¿José Carlos?», dijo cuando me sintió llegar. Su nuera le dijo, no, señora, son los periodistas. Y la señora Anna, la fuerte señora Anna de Siena y de José Carlos Mariátegui, me recibe diciendo «¡Qué pena que se murió José Carlos!, ¿no?. Es una llaga de la cual nunca me podré sanar».

Recuerda vagamente una reunión en Florencia, las voces, una música en violín. Veinte años, un padre comerciante en café, Ugo, el hermano médico muerto, los cantos de la Divina Comedia aprendidos de memoria y recitados en la clase. Eso recuerda vagamente, pero no al muchacho pálido v cenceño que le fue presentado como José Carlos Mariátegui, il peruviano», y que le empezó a hablar en italiano, fácilmente a hablar en italiano, con soltura, con elegancia. Cómodamente empezaron a entenderse. Recuerda aún su voz suave y clara, sus ademanes, el corbatín. Tal vez, quién sabe, su salud y su gracia esperaban esa tristeza de sudamericano.

Era 1920, la primavera de 1920. La señora Anna dice que se quedó pensando en él. El, José Carlos, vivía en una pensión que daba a la Piazza della Signoría. Se había presentado como un escritor, un literato, signorina, muy interesado en la cultura italiana.

Pocas semanas después habría de producirse la reunión definitiva. Un tío de Anna tenía un lujoso restaurante en Nervi que se llamaba «II Piccolo Edén». Era un restaurante campestre de lujo, seguro que muy hermoso, flores, un acordeón sonando todo el tiempo. Hablaron, el flechazo entró bien. Anna recuerda el sonido del acordeón y un olor a flores.

Pero el tío estaba indignado. Ante las continuas visitas de José Carlos y viendo que la sobrina estaba decidida a lanzarse a la aventura del matrimonio, un día, no recuerda en qué momento, le dijo: «Ese sudamericano pálido, de aspecto enfermizo, hará muy desgraciada tu vida. Regresarás a Italia derrotada y cargada de hijos».

Se casaron en Florencia al poco tiempo.

Aquí en Lima, 1989 empieza a subir el calor. Los colores le brotan a la señora Anna. Cómo se le parece la mirada a la de su marido que cuelga en la pared. A pesar de la angustia, a pesar del tiempo, cómo se parecen sus miradas. De abajo viene un olor a lo- cro, a puré, a sopa de verduras. Cómo se parecen sus miradas.

Empezaron a mirar juntos en Florencia. Rápido vino Roma. Usted sabe señor que a José Carlos le hacía mucho daño el fró de la Italia septentrional, y le caía muy bien el de la Italia meridional. En Roma, pues, ahí se sentía muy bien.

Mientras el olor de la sopa de verduras sigue subiendo por la escalera, la señora Anna recuerda cómo le escribía poemas, José Carlos. Y cómo la enamoraba. Me está diciendo que la enamoraba como hombre y como peruano. Una mezcla de poemas y descripciones amorosas de la tierra, la gente, los furores de esa gente, Anna, mi gente, los peruanos, el Perú.

Le habló de su infancia triste, signada por la osteomielitis. La pierna izquierda, Anna. Anna le aconsejó que se hiciera examinar en Bologna en un famoso centro traumatológico. Pero él decía que se sentía muy bien en Roma y que, además, Anna, yo no soporto la máscara de cloroformo. He sufrido mucho con las exploraciones médicas, y no soporto la máscara de cloroformo, ni nada que me recuerda la enfermedad en Lima.

Anna lo acariciaba.

Los primeros días en Roma lo veía feliz. Fueron días felices, en verdad. José Carlos, su inteligencia, eran una luz. Le hablaba de sus ganas de regresar a Lima, de establecerse en el Perú ara iniciar su tarea de escritor y, sore todo, sus programas de lucha social. Así le dijo.

Se quedaron dos años en Roma. Lo recuerda celoso de su tiempo, escribiendo siempre, estudiando el marxismo. 

Alguna vez José Carlos dijo que el amor de Anna le hizo ver claro muchas cosas, especialmente la lectura de algunos libros que antes consideraba sumamente densos, duros.

Vivían en la Vía della Scroffa, en unos altos. Anna, también, por su lado, empezó a ver claro. Juntos cruzaron ese proceso de sensibilización socialista. Lo hicieron al mismo ritmo y con gran entusiasmo. «Y pensar que antes de conocerlo no me interesaba nada de eso. Era conservadora, una chica católica… Conocerlo significó cortar con todas mis tradiciones. Me aproximé al pensamiento socialista».

En 1921 viajaron juntos al Congreso Socialista de Livorno, cita histórica donde se produciría la división de los socialistas reformistas con los comunistas. José Carlos asistió como corresponsal de «El Tiempo». La señora Anna recuerda lo impresionado que quedó con Antonio Gramsci. Recuerda también las voces, las discusiones, y José Carlos mirando todo. Setiembre de 1921. Se zanjaron las posiciones de los socialistas y los comunistas. Umberto Torracini, un senador, recordó en 1964 que le llamó la atención una persona simplemente conocida como ’il peruviano», por su fuerte personalidad y sólidos criterios.

En 1922, mayo de 1922 viajaron ala Conferencia Internacional económica de Génova. José Carlos trabajaba intensamente. Recibía un sueldo como agregado de prensa de la Legación del Perú en Italia que presidía Arturo Osores. Viene entonces un intenso tiempo de viajes. Alemania, fines del 22 y principios del 23. Luego Australia, Hungría. Checoslovaquia, Francia. Dijeron, Dasta.

El 20 de febrero de 1923 partieron a Lima de Le Havre en el barco «Negada». Anna llevaba en brazos a Sandro, su hijo mayor, y en el vientre a Sigfrido, el segundo.

Encinta llegó Anna al Callao. Vestía de blanco, la palidez. Habían sido 23 días de viaje. Anna no tenía miedo. Al lado de José Carlos nunca tuvo miedo a nada. Cuando se murió, sí, un poco, pero tuvo que echarle valor. Como hasta ahora.

No le gustó el Callao.

Vino un desfile de rostros y mirados. José Carlos, su José Carlos era llevado por un bosque de brazos y manos. No le gustó el Callao. José Carlos estaba muy excitado, muy contento. Llamaba a todos por su nombre. El primero que escuchó correspondía a un hombre aindiado, cetrino. Era ebanista y se llamaba Fausto Posada.

Vio las cosas chatas. ¿Dónde estaba el cielo azul que decía José Carlos? ¿Y a dónde el sol? No había cielo. No había sol. Sólo gentes pálidas bajo un colchón espeso de nubes. Se fueron a vivir al jirón Huanta, en los Barrios Altos. Los paisajes de Siena, de Firenze, de Nervi, trasplantados a unas calles húmedas, chatas, alargadas, y el desfile de gente pálida, cetrina que toda su vida habría de buscar, rodear, perseguir a su marido.

Del Jirón Huanta a la Quinta Heeren. Recuerda que se iban a pie hasta el Paseo Colón, donde ahora funciona el Museo de Arte ¿no señor?, y que antes se llamaba el Palacio de la Exposición. Ahí, en un sector cedido por la Municipalidad a la Federación de Estudiantes, funcionaba la Universidad Popular. Ahí habría de ver a su marido ante esa gente pálida y cetrina, por ella no sólo admirado, sino también amado.

Como hasta ahora.

La fatalidad, sin embargo, empezó a actuar.

José Carlos entró en crisis de salud. En la pierna sana había aparecido un tumor. Se revolcaba con fiebres de 40, 41, 42. Una mañana, al verlo tan mal, el doctor Gastañeta opinó que había que amputar inmediatamente la pierna. La señora Amalia de Mariátegui, madre de José Carlos, se opuso. Era muy católica. Le preocupaba la religión. Prefería un confesor.

La señora Anna intervino como tocada por un alfiler: «Yo soy su esposa, y la madre de sus dos hijos. Si la intervención es indispensable, proceda usted».

El sol de mediodía empieza a debilitarse aquí en Lima de 1989. La señora Anna ha guardado un largo silencio. Lo rompe: «Mi José Carlos despertó tranquilo, preguntando por mí. Pasaron varios días luego de la operación. Me decía sólo sentía un adormecimiento, algo así. Una mañana levantó la frazada y se vio sin la pierna derecha. Pegó un grito atroz. Nunca lo había visto así: su llanto, su desesperación. Mi vida está trunca, decía no sirvo para nada. Yo lo abrazaba, con toda mi ternura lo abrazaba. Besando, bebiendo sus lágrimas le dije, José Carlos, todo tiene arreglo. Vamos a viajar a ponerte una pierna ortopédica. Pero en ti, lo más valioso es tu cerebro, José Carlos y mientras tu cerebro esté intacto y en capacidad de producir ideas, todo lo demás es secundario, José Carlos adorado».

De izquierda a derecha:  Anna soltera en Florencia, 1918; Anna de novia, 1920; Anna casada en Roma, 1922. La última, Anna viuda a fines de 1930.

Nunca más lo vería quebrado. Nunca más. Pasaron a vivir a la casa de Leuro, en Miraflores, donde cumplió una etapa de convalecencia que se compartió con una estancia en una clínica de Chosica. José Carlos volvió a su trabajo periodístico en «Mundial” y «Variedades». Su nombre crecía. De Leuro pasaron a la casa en el jirón Washington, donde se hacen más intensas sus relaciones con los políticos y los obreros. La señora Anna lo recuerda muy celoso de su tiempo, como un poseso ante la máquina, con los libros. Recibía a los obreros a partir de las seis de la tarde. Los políticos llegaban más temprano, los obreros más tarde. Con ellos se quedaba más tiempo, hablando de todo, en medio del silencio, antes de las preguntas y la discusión. Recuerda que una vez llegó Jorge del Prado a las tres de la tarde. José Carlos estaba ante la máquina y ni lo miró. Jorge del Prado siguió a su lado y como José Carlos sólo tenía vida para su trabajo, se fue. Cuando regresó a las seis de la tarde, luego que se retiró la ^ente, José Carlos le dijo:

Mire, compañero Jorge. Tengo el presentimiento de que mi vida va a ser corta. Por eso es que tengo que sacarle el mayor provecho al tiempo, para leer, escribir y crear para todos».

Del 16 al 30 se dieron los años más fecundos de José Carlos. En 1916 publica la revista «Amauta», y en 1928 el quincenario «Labor», que José Carlos quería ver convertido en diario para los trabajadores. La casa de Washington era pulcra, y José Carlos, como recuerda Basadre, atendía siempre muy acicalado, muy limpio. «¿Qué le gustaba. Le gustaba la comida italiana, conversar conmigo en italiano, y la música de Beethoven, en primer lugar Beethoven. Después Wagner, Schubert. Le enfurecía el incumplimiento de la. gente. Le repugnaba la mentira, las posturas acomodaticias, los comportamientos postizos, eso pues que caracteriza a la política criolla. Los chicos gateaban mientras él trabajaba».

La fatalidad no cesaba.

«A fines de marzo de 1930, José Carlos entró en crisis. Los dolores lo atormentaban. Se puso grave, grave, el 12 de abril…»

De la Clínica Villarán, la señora Anna no se separaba. Su mano sobre la cabeza de José Carlos. Cómo calmarle el dolor. Cómo, nunca más los gritos, el sudor sobre la frente. Su muchacho de 26 años de Florencia agonizaba ese 16 de abril de 1930. Habían empezado a mirar juntos. Diez años, no más, señor, pero qué diez años. No recuerda en qué momento lo vio con su corbatín, hablándole en italiano, y la música de acordeón, a lo lejos. Cuida a los chicos, le dijo, cuídate tú, y repitió varias veces, Anna, Sandro, Sigfrido, José Carlos, Javier, la revolución sólo se puede hacer en base de los grandes principios. Y luego dijo, muy claramente dijo, «Adiós, Anita». ■

(*) Publicado originalmente en Caretas, 2 de mayo de 1989.

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