Segundo Ciclo. Los reencuentros del centenario.

Para conmemorar el primer centenario de las conferencias de José Carlos Mariátegui sobre la Crisis Mundial, llevadas a cabo en la Universidad Popular Manuel Gonzales Prada, dimos inicio a un apasionante ciclo de lectura y debate en septiembre del año pasado.

Este ciclo se centró en las presentaciones originales, las cuales fueron posteriormente recopiladas y publicadas en forma de libro bajo el título Historia de la crisis mundial (Biblioteca Amauta, Lima, 1959). A lo largo de cuatro enriquecedoras sesiones, exploramos y discutimos detenidamente diez de estas reveladoras conferencias, profundizando así en el legado intelectual de Mariátegui y su perspicaz análisis de los acontecimientos mundiales.

A partir del 27 de enero de este 2024, el Archivo Mariátegui y Nuestro Sur proseguiremos con el ciclo previamente mencionado, dedicando cuatro sesiones quincenales a la lectura y discusión de las conferencias pendientes. Antes de adentrarnos en estas últimas conferencias, se llevará a cabo una sesión introductoria, que detallamos a continuación:

Programa del Segundo Ciclo:

27 de enero. Sesión introductoria

Síntesis de los temas tratados en las sesiones del ciclo previo. Más adelante se presenta el contenido de cada una de las sesiones y los enlaces para acceder a los textos respectivos y al registro en video de las reuniones.

10 febrero. Quinta sesión – Los arreglos “posbélicos”

– La Paz de Versalles y la Sociedad de las Naciones (31 agosto de 1923)

– Los problemas económicos de la paz (14 septiembre)

La institucionalidad postbélica: alcances y contradicciones. Los conflictos interaliados en la primera postguerra. La política aliada frente a la Rusia soviética. La búsqueda de un nuevo orden internacional.

24 febrero. Sexta sesión – La crisis de la democracia

– La crisis de la democracia (25 septiembre de 1923)

La crisis de las instituciones democráticas. Los regímenes autoritarios frente a la revolución. Nuevos liderazgos y contrarrevolución. El nacimiento del fascismo.

9 de marzo. Séptima sesión – Las revoluciones fuera de Europa

– La agitación revolucionaria y socialista del mundo oriental (28 septiembre de 1923)

– Internacionalismo y nacionalismo (2 noviembre de 1923)

– La revolución mexicana (22 noviembre)

Las revoluciones fuera de Europa, el viraje en la Internacional Comunista tras el Cuarto Congreso. El problema colonial, las diferencias al interior de la 2ª Internacional, y entre esta y la IC. La cuestión nacional.

23 de marzo. Octava sesión – Cultura y filosofía en el contexto de la crisis

– Los intelectuales y la revolución (1° diciembre de 1923)

– La crisis filosófica (s/f)

Impacto de la crisis civilizatoria en el campo de la ciencia, las humanidades y la cultura en general. Crisis del pensamiento burgués. Las nuevas corrientes filosóficas.

Horario y Lugar

Las sesiones se llevarán a cabo los días sábados a las 5:00 pm en el Museo José Carlos Mariátegui  (Av Washington 1946, Lima 15046).

¿A quién esta dirigido?

Público en general  que cuente con el tiempo y disposición para poder teorizar y conocer sobre los temas tratados en las conferencias dictadas por José Carlos Mariátegui.

Lecturas del Curso

Para facilitar la participación de quienes se incorporan en este segundo ciclo sin haber participado del previo, se presenta a continuación una suscinta síntesis de lo desarrollado en cada una de las sesiones del semestre pasado. Así mismo los vínculos a los materiales de cada una de las reuniones.

Organizan:

  • Archivo Mariátegui
  • Nuestro Sur

Los reencuentros del centenario. Primer Ciclo.

A partir de este año, 2023, comenzamos a conmemorar una secuencia de centenarios mariateguistas. En junio de 1923, José Carlos inició el ciclo de conferencias en la Universidad Popular que culminó en enero de 1924 y que décadas más tarde se publicaría como parte de la Biblioteca Amauta con el título Historia de la Crisis Mundial (1ª edición, Lima, 1959). Posteriormente vendrán los centenarios de  La Escena Contemporánea (Editorial Minerva, 1925), de la revista Amauta (1926), de Siete Ensayos (Biblioteca Amauta, 1928) y, finalmente de los libros póstumos que Mariátegui dejó listos para su impresión: El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy (Biblioteca Amauta, Lima, 1950) y Defensa del Marxismo (Biblioteca Amauta, 1959). Cada uno de estos aniversarios bien podría ser ocasión para un fecundo reencuentro con nuestros fundamentos, dialogando con el pensamiento vivo del Amauta desde las preguntas de nuestro presente.

La única forma de hacerlo es como ejercicio colectivo de una reapropiación crítica de la obra de Mariátegui. Tan estéril como una lectura distante y reverente sería el superficial intento de querer leer en él lo que ya traemos como opiniones o como prejuicios. Se trata de entender su obra -que él mismo definió como síntesis de sangre e ideas- como expresión de “un imperioso mandato vital”, como respuesta a las preguntas existenciales y sociales que emanaban del momento histórico que le tocó vivir. Lo cual supone, a su vez, tener claras (o al menos aspirar a formular hipótesis al respecto) las preguntas que emanan de nuestra peculiar situación histórica.

Acerca del curso:

Bajo este preámbulo, el Archivo Mariátegui y Nuestro Sur se juntan para organizar un ciclo de lectura colectiva y de discusión sobre Historia de la Crisis Mundial. Como parte integral de esta iniciativa, deseamos plantear algunas preguntas motivadoras que intenten vincular temas de nuestro presente con la experiencia vital y reflexiva de Mariátegui al momento de las conferencias, entre ellas:

  • ¿Por qué y cómo está planteado -entonces y ahora- el asunto de la “crisis mundial” al interior del proceso de construcción del sujeto revolucionario?
  • ¿Cómo entiende JCM la crisis de la democracia? ¿Cuál fue el curso de esa crisis en el mundo entre los años 1920 y 1930? ¿Cómo la entendemos hoy?
  • ¿Cuál es la apreciación global de JCM frente a la “Gran Guerra”? ¿Desde qué punto de vista la analiza?
  • Crisis, revoluciones y contrarrevoluciones: ¿Es posible identificar algunas herramientas analíticas que le permiten a JCM diferenciar el curso de los procesos que analiza (Rusia, Hungría, Alemania, Italia)? ¿Pueden ser útiles hoy esas herramientas?
  • La valoración de JCM de la revolución rusa y del régimen soviético ¿en qué coincide y en qué se diferencia de otras valoraciones de aquellos años (la SD y Kautsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, los anarquistas)? ¿Su análisis podría ser útil para el posicionamiento frente a revoluciones y procesos de cambio contemporáneos?

Modalidad e Inscripción

La sesiones se desarrollarán de manera presencial, previa inscripción,  y se transmitirá por las redes sociales del Archivo Mariátegui y Nuestro Sur.

Programa del Primer Ciclo

Primera sesión:
– Conferencia a trabajar: La Crisis Mundial y el Proletariado Peruano (15 junio 1923)
– Contexto situacional: La coyuntura del movimiento obrero limeño y de la UPMGP.

Segunda sesión:
– Conferencias a trabajar: Literatura de guerra (22 de junio de 1923), El fracaso de la segunda internacional (30 de junio de 1923), La intervención de Italia en la guerra (6 de julio de 1923)
– Contexto situacional: El marxismo frente a la guerra: ¿lucha de clases o geopolítica? La guerra absoluta: periódicos, mitos, patriotismos.

Tercera sesión:
– Conferencias a trabajar: La revolución rusa (13 de julio de 1923), Las instituciones del régimen ruso (19 de octubre de 1923), Elogio de Lenin (26 de enero de 1924)
– Contexto situacional: ¿Qué es una revolución? Las peculiaridades rusas, el partido, el líder. El impacto del tema en la vanguardia obrera limeña (anarquista).

Cuarta sesión:
– Conferencias a trabajar: La revolución alemana (20 de julio de 1923), La revolución húngara (18 de agosto de 1923), La actualidad política alemana (24 de agosto de 1923), La agitación proletaria en Europa en 1919 y 1920 (7 de septiembre de 1923).
– Contexto situacional: Crisis y revoluciones en Europa, similitudes y diferencias con la revolución rusa y entre ellas. El “momento” revolucionario. La contrarrevolución.

Horario y Lugar

Las sesiones se llevarán a cabo los días sábados a las 5:00 pm de la siguiente forma:

  • Sábado 23 de setiembre – Museo José Carlos Mariátegui  (Av Washington 1946, Lima 15046)
  • Sábado 7 y 21 de octubre, y 4 de noviembre – Nuestro Sur 

¿A quién esta dirigido?

Público en general  que cuente con el tiempo y disposición para poder teorizar y conocer sobre los temas tratados en las conferencias dictadas por José Carlos Mariátegui.

A cargo de

  • Eduardo Cáceres Valdivia. Bachiller en Filosofía por la PUCP, estudios de Maestría en curso. Co-fundador de SUR, Casa de Estudios del Socialismo, donde desarrolló investigación y actividades de debate en torno a la vida y obra de José Carlos Mariátegui.
  • Ricardo Portocarrero Grados. Historiador. Especializado en Historia Contemporánea. Autor de Invitación a la vida heroica. Antología de José Carlos Mariátegui. Con Alberto Flores Galindo (1989 y 2005) e Intelectuales y sociedad en la Lima de principios de siglo. El caso del joven Mariátegui (1997).

Lecturas del Curso

Para la lectura de las conferencias se propone hacer uso de los siguientes recursos:

Formulario de Inscripción

José Carlos Mariátegui con César Falcón y su familia
José Carlos Mariátegui junto a Anna Chiappe, su hijo Sandro y, César Falcón y una mujer no identificada, 1922

Hoy, 14 de junio, se conmemoran 129 años del natalicio de José Carlos Mariátegui, reconocido como uno de los principales marxistas del Perú y de América Latina. En esta ocasión, el Archivo Mariátegui ha considerado oportuno publicar el valioso acervo documental de su compañero de viaje y entrañable amigo: César Falcón.

Falcón fue escritor y periodista. Junto con José Carlos,  fundó y dirigió la revista Nuestra Época y el periódico La Razón, donde definieron su orientación hacia el socialismo. Este último también se convirtió en una voz representativa de las demandas de la clase obrera y del movimiento estudiantil por la Reforma Universitaria en 1919. 

La dictadura de Augusto B. Leguía los envió a Europa como agentes de propaganda del Perú como forma de deportación disimulada. Mientras José Carlos fue enviado a Italia, Falcón se dirigió a España, donde continuó su experiencia como periodista en diversos periódicos como El Liberal y El Sol. Este periplo europeo lo llevó a recorrer España, Francia, Inglaterra, Alemania, Austria y Hungría. 

Afiliado al Partido Comunista Español en 1931, se exilió como consecuencia de la Guerra Civil Española a través de Francia hacia los Estados Unidos y luego México, donde continuó con su actividad política y periodística. Entre 1941 y 1942 tuvo un corto período de residencia en el Perú, a donde volvió en 1970. Falleció en octubre de ese año. 

Fondo personal de César Falcón

El fondo que hoy ponemos a disposición, para futuras investigaciones, está compuesto por un total de 117 documentos, que consisten, primordialmente, en cartas escritas por César Falcón dirigidas a su madre, Artemia de Falcón, entre 1910 y 1924.

Esta importante adición al Archivo José Carlos Mariátegui brinda una perspectiva única de la vida y las experiencias de César Falcón, así como una mirada cercana a su relación con su madre a través de estas cartas personales. Además, de poder indagar en los nuevos datos que nos otorgan las cartas en relación a su periplo europeo y su amistad con José Carlos Mariátegui.

Extracto del Prólogo:

Es justamente en la producción literaria de Mariátegui, donde se manifiesta con mayor sensibilidad su creación heroica. No es muy común que se resalte el universo literario como parte de su producción teórica y política, por el contrario, se muestra como una etapa “juvenil” de poco valor, de la cual el propio Mariátegui renegó de ella denominándola Edad de Piedra. Para nuestra comprensión, es una etapa fundamental de su vida, en donde su impulso literario se mezclaba con su labor periodística, desde la cual recorría la cotidianidad social limeña, experiencia que lo llevó a tomar conciencia del juego de la “pequeña” y “gran política” oligárquica.

Publicado por: Ediciones Inubicalistas

Año: 2022

Compilación y edición a cargo de: Claudio Berríos, Gonzalo Jara Patricio Gutiérrez

Diagramación y diseño de portada: Rodrigo Arroyo Castro

Portada: José Carlos Mariátegui acompañado de modelos de la Escuela de Arte en Anticoli Corrado, Roma. 1920. 

En el 2022 el Archivo Mariátegui organizó  la presentación del libro Mariátegui literario. La creación del espíritu revolucionario, el cual fue editado por Claudio Berríos, Gonzalo Jara y Patricio Gutiérrez. El libro incluye dos poemas inéditos, cuentos, obras de teatro y la novela escrita por José Carlos Mariátegui y evidencia “la sensibilidad espiritual” que tenía Mariátegui al momento de escribir. 

Puedes revivir la presentación en el siguiente video:

 

Números de la revista Amauta
La revista Amauta fundada en 1926 por José Carlos Mariátegui. Museo Nacional Reina Sofía (Madrid)

El Ministerio de Cultura del Perú declaró como Patrimonio Cultural de la Nación los 32 números de la revista Amauta que conserva la Biblioteca Nacional del Perú por ser una de las revistas culturales más importantes del Perú y América Latina.

La revista Amauta fue fundada por José Carlos Mariátegui en 1926 y tuvo una influencia y difusión continental, por lo que se reconoce como unas de las publicaciones más resaltantes de la época de vanguardia en América Latina y de mayor continuidad.

A diferencia de muchas otras revistas que germinaron durante dicha época en el continente, Mariátegui concibió Amauta no solo como un proyecto cultural, sino uno ideológico, marcado por las preocupaciones sociales y un compromiso con la realidad indígena, que se reflejaba tanto en su estética como en su relevancia intelectual.

Los temas se articulaban en torno a la cultura, el arte, la sociedad y la política, así como los grandes temas de discusión contemporánea. Si bien el contenido de Amauta, fue central y modular al proyecto, fue necesario articular a una multiplicidad de actores —escritores, intelectuales, artistas, educadores y obreros— y de construir y consolidar redes con diferentes grupos culturales tanto a nivel nacional como internacional, así como un modelo de distribución y de accionistas que permitiera su viabilidad económica.

Pueden revisar y/o descargar los 32 números en nuestro gestor de colecciones:

 

Fuente: Ministerio de Cultura declara Patrimonio Cultural a la colección completa de la revista Amauta (1926 – 1930). Link https://www.gob.pe/institucion/cultura/noticias/696945-ministerio-de-cultura-declara-patrimonio-cultural-a-la-coleccion-completa-de-la-revista-amauta-1926-1930

José Carlos Mariátegui a los 14 años
José Carlos Mariátegui a los 14 años

Antecedentes, modalidades y perspectivas de la lucha

         Preocupa actualmente al país con más intensidad que nunca, el problema de la sucesión presidencial. Este problema se ha presentado en la presente oportunidad más complicado que en ninguna. El origen de tal cosa no hay que buscarlo solamente en la desorganización de las fuerzas políticas de la nación. Hay que buscarlo, principalmente, en la influencia de la hora de renovación que atraviesa el mundo. Los pueblos sienten la necesidad de grandes transformaciones. Están poseídos por una honda inquietud, por un impreciso pero agudo anhelo. Y el pueblo peruano no puede sustraerse a los efectos del fenómeno mundial, por muy debilitadas que se hallen su sensibilidad y su percepción.
         Además, todas las modalidades del proceso electoral son en este caso originales. Faltan escasos días para las elecciones y, sin embargo, no es posible afirmar que los resultados de esas elecciones sean la resolución del problema. Para algunas gentes es así. Pero para la mayoría de las gentes no. La mayoría de las gentes cree que el proceso electoral principiará, en vez de terminar, con las elecciones de mayo. Se muestra convencida de que el verdadero proceso no es el actual. Presiente que los acontecimientos en curso no son los acontecimientos decisivos. Que en la historia del proceso tendrán el carácter de meros antecedentes. Esto no es únicamente lo que se conversa, lo que se asegura, lo que se prevé en los círculos más o menos informados de los políticos. Es lo que dice el instinto público. Es lo que se vislumbra en el difuso horizonte.

Los motivos del desconcierto

         La primera causa del desconcierto reside en la falta de fuerzas políticas debidamente organizadas. La debilidad de las facciones ha originado el surgimiento de mil pequeños intereses. Estos pequeños intereses, que, dentro de una situación definida, hubieran sacrificado sus expectativas en servicio de los intereses dirigentes, dentro de esta situación caótica se han exhibido irreductibles. Todos ellos, hasta los más ínfimos, se han sentido con capacidad para adueñarse a última hora del triunfo. Ninguno se ha resignado a renunciar a sus esperanzas. Por esto ha sido impracticable un acuerdo entre los partidos. No creemos que los partidos representen en el Perú la opinión. Los partidos peruanos son en su mayor parte, simples estados mayores sin fuerza electora. No son matices diversos de la opinión del pueblo. Son matices diversos de la opinión de las clases dirigentes.
         En el Perú, generalmente, el problema presidencial no ha sido resuelto por el pueblo sino por las clases dirigentes. Pero para que las clases dirigentes llenen esta función es indispensable que se unifiquen o que surja entre ellas una corriente fuerte que prevalezca y se imponga sobre las corrientes débiles.
         El problema presidencial nos ha sorprendido, por otra parte, no solo en instantes de dispersión de las clases dirigentes. Nos ha sorprendido también en instantes de profunda inquietud popular haber tenido de un lado la anarquía de las facciones políticas y de otro lado la inesperada ansia popular de renovación, de mejora.

Cómo ha sido planteado

         Veamos cómo nos plantean el problema los que quieren explotar en su beneficio las circunstancias que empujan al pueblo a la lucha (Nos referimos, como se comprende, a los panegiristas de la candidatura del Sr. Leguía). ¿Qué nos afirman estas gentes? Nos afirman que la candidatura del señor Leguía representa la reacción contra los viejos métodos. Nos afirman que la candidatura del señor Leguía representa la causa de la renovación nacional. Nos afirman que la candidatura del Sr. Leguía representa la lucha contra el civilismo. Y estas afirmaciones categóricas, pronunciadas con todo énfasis, constituyen la fuerza motriz del movimiento leguiísta. Lanzadas en una coyuntura propicia, en un momento de hervor de aspiraciones democráticas, esas afirmaciones han servido para constituir una barata plataforma electoral. El señor Leguía, político que posee un fino sentido utilitario perfeccionado por la vida de los negocios, ha visto que, al impulso de un ofuscado movimiento pasional de la opinión popular, podía volver a la presidencia de la república. Y ha acometido la aventura. “A río revuelto ganancia de pescadores”; le ha aconsejado esa refranera filosofía nacional que tan bien se armoniza con su temperamento de criollo.
         Pero analicemos esas afirmaciones a base de las cuales opera el leguiísmo. ¿Es cierto lo que esas afirmaciones sostienen? ¿Es cierto que la candidatura del señor Leguía representa la reacción contra los viejos métodos, la causa de la renovación nacional, la lucha contra el civilismo? Pues bien. No es cierto. No puede serlo. Puede serlo naturalmente para el pueblo que la siga; pero no puede serlo jamás para el señor Leguía, ni para los políticos que lo acompañan. No puede serlo porque el señor Leguía no es el tipo de estadista moderno que algunos de sus más cándidos partidarios suponen. No puede serlo, porque el señor Leguía es un político automatizado en los mismos viejos métodos que combaten los prosélitos de su candidatura. No puede serlo porque el señor Leguía es un civilista disidente, un civilista que grita contra el civilismo, pero que tiene la psicología, las tendencias y la historia de todos los civilistas.
         […ilegible…] de reforma puede ofrecer al pueblo el señor Leguía? Nos empeñamos en ser benévolos con el leguiísmo; pero no podemos encontrar ninguna. ¿Existen tales garantías en los antecedentes del Sr. Leguía? Ni los más fervorosos leguiístas son capaces de presentarlo. El gobierno del señor Leguía fue el gobierno de un político autoritario y antidemocrático. ¿Existen entonces tales garantías en el carácter, en el espíritu, en la ideología del señor Leguía? Tampoco. El señor Leguía no es profesionalmente un político, un estadista, un pensador. Profesionalmente el señor Leguía es un negociante. Su carácter, su espíritu y su ideología han sido moldeadas por su vida de negociante. Es probable que, de vez en cuando, el señor Leguía sienta amor por la democracia, interés por el pueblo, devoción a la libertad; pero estos sentimientos intermitentes, que no pueden constituir en él más que fugaces y platónicos raptos de sentimentalismo, no son desgraciadamente, los destinados a decidir sus actos de gobernante. Para que un caudillo lleve al gobierno los anhelos de su pueblo, se necesita que los comparta apasionadamente, que los comparta de veras, que no sienta otro ideal que el de servirlos. ¿Posee estas condiciones, que son condiciones de caudillo orgánico, el señor Leguía? Doblemos la hoja.

LA POPULARIDAD DEL SR. LEGUÍA

         Busquemos las causas del movimiento leguiísta […ilegible…] al contemplar cómo se ha incrementado este movimiento comprenderemos su fragilidad.
         En nuestro país, en la lucha entre las fuerzas conservadoras y las fuerzas renovadoras, el pueblo se puso siempre del lado de las últimas El pueblo fue siempre enemigo de la oligarquía y partidario de la democracia. Hasta hace pocos años las fuerzas populares estuvieron representadas por los partidos demócrata y liberal. Pero, después de la muerte del gran jefe demócrata las fuerzas populares se quedaron sin representación. El partido demócrata entró en un período de receso y acefalía. El partido liberal, por haber concurrido a formar el gobierno, obedeciendo a su aversión al régimen militar, subió al poder. Y en esta situación el gobierno del señor Pardo comenzó a avivar con sus actos la ansiedad de una renovación.
         Ha sido, en virtud de estas circunstancias precarias, que la oposición activa, compuesta en su mayor parte por vulgares e insignificantes agitadores, ha logrado atraer hacia la candidatura del señor Leguía la consideración de la parte más inquieta del pueblo. La aureola de la candidatura del señor Leguía ha provenido de una desviación del sentimiento popular. Una desviación, como casi todas, transitoria.
         Los que explotan esta desviación han querido servirse de ella como de un trampolín para enseñorearse de un salto del gobierno, pero no se han cuidado de dar el salto oportunamente.
         Es por esto que la resurrección inesperada del partido demócrata que vuelve a levantar en sus manos una bandera, la bandera de la democracia, ha alarmado y congojado tanto a los empresarios y pilotos del leguiísmo, quienes ven que al reaparecer en la política nacional el partido demócrata debe recuperar su puesto en el corazón del pueblo.

FRENTE A LA ELECCIÓN

Planteada así la situación —cuyos restantes aspectos iremos presentando sucesivamente uno a uno— considerada la irregularidad con que se ha desarrollado el proceso en muchas provincias, apreciado el temor con que se mira la inminencia de las elecciones en Lima, examinados los esfuerzos que se han desarrollado sigilosamente para que estas elecciones no se realicen y contemplada la posibilidad de que a última hora se renueven contundentemente estos esfuerzos, ¿existe razón eficiente para creer que nos encontramos en la hora decisiva y final del proceso? ¿O existe más bien razón para creer que el verdadero proceso no se ha iniciado todavía?

Referencia:

  • Publicado en La Razón Nº 1, Lima, 14 de mayo de 1919.

Breve nota explicativa

En el Archivo José Carlos Mariátegui recibimos constantes preguntas y consultas sobre la vida y la obra de José Carlos Mariátegui. Estas son realizadas por diversos motivos e intereses (investigación, estudios, cultura general). Nuestra intención es poder responder de manera concreta en donde no se asuman posturas absolutas y se deje abierto el debate. Algunas de dichas preguntas o consultas muestran el creciente interés y la patente actualidad de Mariátegui. Por ello, no hemos querido dejar pasar una de ellas que consideramos pertinente por el momento histórico que estamos viviendo.

Estimado señor Flores:

Muchas gracias por su consulta, que es un tema muy interesante y poco estudiado.

Lo primero que habría que decir sobre el Mariateguismo, es que como otros ismos, no se trata de una síntesis o cuerpo filosófico que resume, de manera organizada y coherente, las ideas o planteamientos de Mariátegui. Que es el sentido que podrían tener también el marxismo o el cristianismo. Más bien, actualmente, se le entiende como las diversas y múltiples interpretaciones que aquellos que se declaran sus herederos políticos e intelectuales, hace sobre la obra y las ideas de Mariátegui. Éstas pueden ser múltiples. No existe una precisa, exacta o “verdadera”.

Dentro de la izquierda peruana y latinoamericana, que son sus principales intérpretes, hay versiones diversas: estalinista, trotskista, maoísta, por ejemplo. Fuera de la izquierda hay otras como la nacionalista o la aprista. Una situación muy actual es que algunas organizaciones políticas que se declaran de izquierda e, incluso, utilizan la fraseología marxista, realmente esconden una concepción nacionalista de Mariátegui. El historiador Alberto Flores Galindo señalaba que estas múltiples interpretaciones eran como “megáfonos” que utilizaban las ideas de Mariátegui para sustentar sus planteamientos particulares.1

Lo segundo es que históricamente han existido varios “mariateguismos”. Los más conocidos e importantes son tres.

a) El “Mariateguismo” de los años treinta del siglo XX.

Tras la muerte de Mariátegui en abril de 1930, el Partido Socialista se convierte en Partido Comunista, bajo la dirección de Eudocio Ravines y con el respaldo de la Tercera Internacional o Comintern, un organismo internacional fundado en la Rusia soviética en 1921. Mariátegui tuvo discrepancias con la Comintern por lo que el Partido Comunista realizó una “interpretación” sobre las ideas de Mariátegui y el papel que cumplió en la fundación del partido. Aquí “Mariateguismo” (o “Amautismo”) era sinónimo de una concepción intelectual de la pequeña burguesía que tuvo flagrantes errores de interpretación sobre la realidad peruana y las tareas del partido. En esa dirección, Mariátegui fue reducido de fundador del partido a la calidad de “precursor”.2

b) El “Mariateguismo” de los años setenta del siglo XX.

Durante la dictadura militar que aplicó un programa de reformas estructurales nacionalistas, encabezada por el general Juan Velasco Alvarado, los partidos de la izquierda marxista en sus diversas expresiones, señaladas anteriormente, tuvieron un crecimiento y desarrollo importante. Su actividad política al interior de los movimientos sociales (obrero, campesino, barrial, estudiantil) los llevaron a competir por su influencia al interior de estos. Es decir, establecer a través del debate político-ideológico, qué partido representaba no solo al verdadero marxismo-leninismo, sino al verdadero partido fundado por Mariátegui. Cada uno consideraba que si eran el verdadero partido de Mariátegui, automáticamente, representaban sus “verdaderos” planteamientos e ideas. Este debate se desarrolló a lo largo de la década, pero tuvo su momento culminante a través del semanario Amauta y la revista Marka, entre diciembre de 1979 y abril de 1980. Una selección de este debate se publicó en: El Debate sobre la Izquierda Nacional.3

c) El “Mariateguismo” de los años ochenta del siglo XX.

Una de las consecuencias de ese debate fue la fundación de un partido “mariateguista” llamado Partido Unificado Mariáteguista. Este partido fue el resultado de la unificación de tres partidos: Partido Comunista Revolucionario (PCR, liderado por Manuel Dammert), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, liderado por Carlos Tapia) y Vanguardia Revolucionaria (VR, liderado por Javier Díez Canseco). También se incorporaron militantes de izquierda sin adscripción partidaria previa. El proceso de debate y de organización de la unificación se inició en 1983 y concluyó con el Congreso de Fundación del PUM en octubre de 1984. Simbólicamente, en el mismo mes de la fundación del Partido Socialista de Mariátegui.

La fundación del PUM originó un nuevo debate acerca del “Mariateguismo”, el cual fue interpretado como un “marxismo nacional” o “el marxismo aplicado a la realidad peruana”. En él participaron principalmente los partidos políticos marxistas que formaban parte del frente político Izquierda Unida (IU), fundado en 1980 y liderado por Alfonso Barrantes Lingán, quién también se identificaba como mariateguista pero no compartía los planteamientos del PUM.

Este mariateguismo partidario sufrió una severa crisis cuando, como consecuencias de las discrepancias internas, tanto el PUM como IU se dividieron. El primero en 1988 y el segundo en 1989. Y aunque formalmente siguieron existiendo durante la década de los noventa, su presencia e influencia era prácticamente nula.

Finalmente, como consecuencia de lo señalado, plantear una lectura de los 7 ensayos a partir del Mariateguismo o de su desarrollo, no es posible. Primero, porque como ya señalé, el Mariáteguismo no es un cuerpo ordenado, cerrado y coherente de ideas que exista de manera abstracta al margen de la historia. No es una “herramienta” (como una sierra o un martillo) que pueda ser asida y usada (o aplicada) para interpretar la realidad. Por algo Mariátegui tituló su libro como “ensayos de interpretación” e insistió que su obra no estaría acabada mientras viviera y pudiera volver una y otra vez sobre estos mismos temas.

Mas bien, los 7 ensayos es un libro para la polémica, el debate y la elaboración de propuestas de acción política. Podemos partir de Mariátegui, inspirarnos en su obra, pero la interpretación y la transformación del mundo actual es tarea nuestra.

Espero haber resuelto en parte a sus consultas. Si tuviera alguna otra, no dude en escribirnos.

Saludos,

Ricardo Portocarrero Grados
Co-director del Archivo Mariátegui

Curso de lectura de la revista Amauta. Tercer ciclo: números 21 a 32 (febrero 1929 - setiembre 1930)

Acerca del curso

Continuando con el ciclo desarrollado entre junio y julio, y noviembre y diciembre del 2020, en el cual leímos los veinte primeros números de la revista (septiembre 1926 – enero 1929), ahora revisaremos las ediciones correspondientes a los doce últimos números.

Utilizando los recursos del Archivo José Carlos Mariátegui, el curso pretende ser un ejercicio colectivo de lectura de la revista Amauta. Al igual que en los primeros ciclos, se prestará especial atención al trabajo de director y editor de José Carlos Mariátegui.

Asimismo, se dialogará con invitados nacionales e internacionales sobre algunos de los temas que aparecen en esta última etapa de la revista. Finalmente, se hará especial énfasis en los tres últimos números aparecidos tras la muerte de José Carlos Mariátegui, bajo la dirección de Ricardo Martínez de la Torre.

Modalidad

El curso se desarrollará de manera gratuita vía online. Será transmitido por la página de Facebook del Archivo José Carlos Mariátegui y del Museo José Carlos Mariátegui. No requiere inscripción previa.

Programa

  • Sesión 1: Martes, 19 de abril
  • Sesión 2: Martes, 26 de abril
  • Sesión 3: Martes, 03 de mayo
  • Sesión 4: Martes, 10 de mayo
Add to Calendar 04/19/2021 07:00 PM America/Lima Curso: Amauta, el itinerario de una invención. Tercer Ciclo ¡Nuevo! Continuando con el ciclo desarrollado entre junio y julio, y noviembre y diciembre del 2020, en el cual leímos los veinte primeros números de la revista (septiembre 1926 – enero 1929), ahora revisaremos las ediciones correspondientes a los doce últimos números. Archivo José Carlos Mariátegui y Museo José Carlos Mariátegui 30 FREQ=WEEKLY;COUNT=4;BYDAY=TU

Dirigido a

Público en general  que cuente con el tiempo y disposición para poder teorizar y conocer sobre los contenido de la revista Amauta

Lecturas del curso

Todas las lecturas del curso las puedes encontrar en el siguiente link

Información Adicional

Información Adicional

Si deseas revivir nuevamente la primera y segunda parte del curso: Amauta: el itinerario de una invención, puedes ingresar a nuestro canal de YouTube Archivo Mariátegui y visitar nuestra página donde podrás encontrar los materiales lectivos que se usaron.

Todas las sesiones de esta tercera parte quedarán grabadas en nuestra página de Facebook y subidas posteriormente al canal de Youtube. Los materiales que serán usados en las sesiones los pueden encontrar en nuestro gestor de revistas y periódicos.

Este curso es una iniciativa del Archivo José Carlos Mariátegui en colaboración con el Museo José Carlos Mariátegui

La Patria Nueva

Un personal senil y claudicante

(*) Editorial de la edición del 3 de agosto [ de 1919], suprimido por la censura arzobispal.

Ya está plasmada la fisonomía del régimen de la “Patria Nueva”. Ha habido una serie de indecisiones, de tropiezos y tanteos para formarla. Se ha formado como no podía dejar de formarse. Como era inevitable que fuera. Algunos ingenuos pensaron en un régimen de renovación efectiva. Creyeron posible la organización de un gobierno sano y fuerte, nuevo e idealista.

Olvidaron, por supuesto, que los gobiernos de esta índole son gobiernos de opinión. Se funden en el crisol del ardor popular. No de un ardor histérico y circunstancial. Sino en el convencimiento cálido y adoctrinado de la masa colectiva.

El señor Leguía no se preocupó ni mucho ni poco, antes de llegar al poder, de formar ese volumen de opinión ciudadana. Creyó que le bastaba para constituirse en gobierno las alharacas y las desordenadas actividades de sus partidarios. Y efectivamente ha sido así. El señor Leguía ha llegado al poder. Pero no ha conseguido formar un gobierno de verdad. Para conseguir esto debió anticipadamente formar un núcleo potente y disciplinado, unido por el nexo de la doctrina y por la unanimidad de aspiración ideal. En brazos de esa mesocracia ignorante y alucinada que lo ha seguido no podía sino llegar al poder. Y llegar al poder es muy poca cosa para un hombre con vastas aspiraciones, con clara conciencia de su deber histórico con profundo concepto de su misión en la vida pública con aguda percepción de las corrientes sentimentales de su tiempo y con talla, en fin de verdadero héroe popular. Muchos estadistas se han inmortalizado y viven en la memoria de los pueblos sin haber escalado jamás las gradas del poder

Cómo se ha formado la plana mayor del gobierno leguiísta 

No forman la plana mayor de la banda del señor Leguía ningún ejemplar de esta turbulenta y bulliciosa fauna partidista que en su nombre aturdió al país durante tres años. Toda esta mancha de sus partidarios ha quedado a la zaga. La plana mayor se ha formado de tipos clásicos. De hombres catalogados. De figuras gastadas en la vida pública que han experimentado los desengaños del funcionarismo y el desprecio del país.

No hay un solo solo hombre nuevo en el alto grupo del gobierno. No ha ni una inteligencia joven ni una arrogancia primaveral. Tampoco hay ímpetus de renovación. Se amalgaman allí los hombres de fatales horas pretéritas. Hombres que no pudieron mantenerse a flote en los vaivenes de la política de acomodos, transacciones y vergüenzas que ha llenado las tres últimas décadas de nuestra historia república.

Todos los hombres que pensaron y se alimentaron para una lucha moderna y elevada. Para la gran controversia de las ideas y las doctrinas. Que creyeron que el tiempo nos traería un aliento de modernidad y de efluvio de idealismo. Nuestro propia pueblo que ha sentido las urgencias infinitas de la vida nueva del mundo. todos estos absolutamente todos se sienten a esta hora defraudados y vencidos.

Otra vez vuelven a ser primeras figuras del gobierno nacional el general Cáceres y el general Canevaro, el señor Malpartida y el señor Villanueva, el señor Valcárcel y el señor Torre González. Estos son los pronombres del gobierno actual. Son los mismos hombres que en hora iluminada se borró del escalofón político. Son los negros autores del atraso del país. Son los incapaces, los protervos, los que arrancaron al pueblo todos sus derechos y toda la libertad, los que han llegado al borde del sepulcro sin dejar más que una pantanosa huella de su paso por la vida gubernamental. Esos son los pronombres del señor Leguía.

Editorial censurado del diario La Razón, 03 agosto de 1919

¿Puede hacerse con estos hombres un gobierno propulsor y moderno?

El señor Leguía no es un genio. No es un talento. No es una cultura. Es apenas un hombre inteligente e intuitivo, avezado en asuntos comerciales y en las habilidades de la política criolla. ¿Puede con estos sencillos elementos mentales imponerse a su estado mayor?. Seguramente no. Junto a él están los hombres expertos en todas las trapisondas, en todas las maquinaciones, en todos los subterfugios y en todos los vicios. Los hombres responsables de muchos delitos y signados por todos los pecados. A estos hombres no puede vencerlos sino el ostracismo. El alejamiento permanente del poder. Rodeado por ellos, el señor Leguía tendrá que sucumbir inevitablemente. Y sucumbirla también sin ellos. Porque el señor Leguía no representa en el gobierno un volumen de opinión adoctrinada. Representa solo su criterio personal y el apetito de mucha gente. Cuando el señor Leguía cambiase su estado mayor, lo formaría con los hombres de 1910. El país, entonces, no podría saber si la incapacidad por ignorancia y por inmoralidad es peor a la incapacidad por senectud y por perversión.

Ya se están viendo los primeros frutos del gobierno formado con tales hombres. Se ha hecho retrogradar al país al individualismo gubernamental. Se ha subordinado la autoridad del congreso al capricho del presidente de la república. Se ha constituido un pequeño organismo burocrático para la fabricación de representantes. Y se está realizando la más tranquila y segura imposición electoral que se han efectuado en la república.

Así comienza la era de la Patria Nueva. comienza con la resurrección de hombres que debían estar políticamente inhumados. Con el resurgimiento de políticos de lo que el país no quería acordarse. De los que es piadoso no acordarse. De los que ahora provocan una excecración; pero, más tarde cuando actúe directamente el siniestro cacique de Cajamarca o el torno ministro de Santa Catalina, provocarán la verdadera revolución del pueblo. Tal vez, por esto, sería mejor que actuasen prontamente.

Fuente: Editorial La Razón, 03 de agosto 1919. Archivo José Carlos Mariátegui.

Por José Carlos Mariátegui (*)

Hasta ahora dura el eco del discurso del coronel Ballesteros. El que al principio no parecía sino un ardoroso brindis de sobremesa, de sonoro patriotismo y retórica huachafa, se está convirtiendo en una bandera militarista. Una bandera de papel de cometa izada en uno de los sables del 4 de febrero. Pero una bandera de toda suerte.

Acaso a esta fecha el propio coronel Ballesteros se ha asustado de su obra. Probablemente jamás se le ocurrió que su estribillo de los cañones llegase a conmover la república y a darle a él –profesional estudioso y sosegado– trazas de caudillo y síntomas de héroe.

Y quiera Dios que así sea. Porque si el coronel Ballesteros, en vez de un hombre modesto e ingenuo, como nosotros lo suponemos, es un hombre calculador y redomado, tendremos en el retablo de la política criolla a la mas peligrosa figura que podría aparecer en él. Tanto que un buen optimismo nuestro consiste en creer que el coronel Ballesteros no ha medido ni valorizado previamente la trascendencia de sus palabras sino que las ha dicho como se las ha dictado el corazón. Pues en esto reside lo indispensable para la tranquilidad y bienandanza nacionales. En que el discurso del coronel Ballesteros haya sido cosa del corazón y no de la cabeza.

El papel del ejército

No exageramos. Muy grave, muy grave, sería que el ejército del Perú quisiera señalarles a los poderes públicos una orientación de su gusto. El grado de militarización que al país conviene no debe ser indicado de ninguna manera por el ejército. Es imprescindible que los poderes públicos elijan libremente la dirección primaria de la política gubernamental.

Un jefe militar que se pone de pie, delante de un auditorio militar también para manifestar que hay que recomendarle al congreso que haga esto y que hay que quejarse de que no haya hecho aquello es, por eso, un jefe a quien se tiene que mirar como una amenaza.

¿Persigue popularidad? ¿Quiere grangearse unos cuantos aplausos? ¿Busca tales o cuáles felicitaciones? Entonces es un jefe que no se conforma con la normalidad de su existencia profesional. Es un jefe que ambiciona mayores órbitas de figuración. ¿Pretende únicamente que los poderes públicos sepan lo que el ejército apetece y trata de presionar a esos poderes públicos en un sentido dado. Es un jefe que enamorado de una convicción, acertada o no, aspira a imponerla al Estado. Siempre es, pues, un jefe cuya conducta no se encarrila dentro del rol austero del ejército.

Recorte del artículo publicado por José Carlos Mariátegui en la revista "Nuestra Época"

Habrá quienes se pregunten: –¿Luego un militar carece del mismo derecho que cualquier otro ciudadano para emitir públicamente sus ideas? Les responderemos, naturalmente, que sí. En todo país el militar no puede obrar como cualquier ciudadano. Es un ciudadano inhabilitado por su función para el amplio ejercicio de sus derechos políticos. Los militares no pueden celebrar mitines, no pueden demandar la guerra ni oponerse a ella, no pueden votar, no pueden afiliarse a ningún partido político. Su libertad individual está cohibida y su libertad colectiva anulada. No por capricho su misión es llamada misión de sacrificio y su carrera es llamada carrera de abnegación.

El fundamento de esta condición particular de los militares está universalmente sancionado. Luis Araquistain lo definía brillantemente, no hace mucho, a propósito de las juntas de defensa constituidas por lo oficiales y los sargentos españoles. Araquistain les negaba a los militares la capacidad para sindicarse que les otorgaba a todos los funcionarios del Estado. Y se basaba en que la fuerza de los militares debe ser, al mismo tiempo, su debilidad. El estado, efectivamente, al darles esa fuerza les prohibe que usen de ella en su favor. Y los militares deben abstenerse de toda actitud de alcance político porque cualquier actitud suya, por tranquila que sea, entraña siempre una coacción, en virtud de la fuerza que la respalda. Esto es lo que hace censurable el discurso del coronel Ballesteros y lo que haría consternador que ese discurso obtuviese muestras de apoyo y de simpatía del ejército.

Los partidos, los grupos, los bandos políticos, que luchan por el predominio de sus sistemas y de sus conceptos, deben ser los que estudien y resuelvan si el Perú adopta o no una orientación militarista. Los militares, si tiene una noción sana de su verdadero papel, no deben intervenir en ese debate. No puede tolerarse que opinen sobre algo de tanta importancia en la marcha de la nación. Absolutamente, no. Podría tolerarse talvez que opinasen acerca de la ubicación del palacio arzobispal. Su concurrencia al debate público en este caso no sería tampoco cuerda, pero sería siquiera inofensiva. Daría risa; pero no daría miedo. Sería una bobada. Pero no sería un peligro.

Además el militarismo es aquí un error.

Ahora bien. No es solo que el ejército no deba insinuar ni marcar la dirección sustantiva del Estado. Es mucho más aún. Es también que esa orientación no debe ser en el Perú una orientación militarista.

Resulta, por consiguiente, que la presión militar para que el país se militarizarse no sería mala únicamente por ser presión militar. Sería mala, además, por tender a que el país se militarizase. Nos colocaría delante de un medio malo y de una finalidad peor. Y así, ni aun podíamos tener el consuelo de que, hablando como de costumbre un lenguaje de refranes y aforismos, nos dijésemos una vez más que “el fin justifica los medios”.

El país tiene que cuidar de su defensa armada. Pero debe hacerlo dentro de la proporción de sus recursos económicos. No sería sensato que el Estado abrumase de guerra exagerado o que adquiriese deudas comprometedoras de su crédito para repletar los parques militares de esos cañones, fusiles y halas que han obsesionado al coronel Ballesteros.

Ningún Estado debe mostrarse, en verdad, más parco y discreto que el Estado peruano en esfuerzos militares. Todo lo niega aptitud de Estado militar y nada le indica conveniencia de serlo. Un motivo no más podríamos tener para acentuar intensa y denodadamente nuestra militarización; el anhelo de la revancha contra Chile. Unicamente este romántico sentimiento de reivindicación podría conducirnos a armarnos y pertrecharnos a cualquier costo. Y ya andamos casi unánimamente convencidos de la ineficacia de todo revanchismo.

Chile tendrá siempre, mientras nos dure el ardimiento revanchista, un poder bélico superior al nuestro. Cuando nosotros, mediante un sacrificio, compremos un barco, Chile, sin sacrificio alguno, podrá comprar tres. Y es que Chile no solo es un país más rico que el Perú. Es, al mismo tiempo, un país que se preocupa más que el Perú de mejorar su riqueza. Y es más fuerte que el Perú porque es más rico.

Luego ni aún el revanchismo puede inducirnos a adoptar una orientación militarista. Claramente miramos que la riqueza y no las armas nos dará algún día la codiciada superioridad sobre Chile.

Política de trabajo y no política de apertrechamiento es, pues, la que aquí nos hace falta. Política de trabajo y también política de educación. Que se explote nuestro territorio y que se acabe con nuestro analfabetismo y tendremos entonces dinero y soldados para la defensa del territorio peruano.

Pobres, descamisados y hambrientos, ¿cómo va a ser posible que pensemos en una gran escuadra ni en un buen ejército? Nos pareceríamos como nación a un hombre que gastase en armas el dinero que debía gastar en pan y que invirtiese en ejercitarse en la esgrima el tiempo que debía invertir en ganar dinero.

No podemos tener ejército aún

Hay mucho más todavía. Carecemos de espíritu militar. Nuestro pueblo no es un pueblo militar. Y a nadie se le ocurrirá aconsejarnos que improvisemos el espíritu militar que nos falta.

La gran mayoría de los peruanos, los tres millones de indios embrutecidos y esclavizados y de las sierras, no posee noción de la patria. Y, sin embargo, de esa masa aborigen inconsciente, habremos de extraer en un caso de guerra el ejército que nos defienda.

Contemplemos ahora mismo nuestro ejército y digámonos si es realmente un ejército y digámonos si es realmente un ejército. Analizándolo rápidamente notaremos que la tropa es compuesta por los indios coercitivamente enrolados. Esos indios no aman ni estiman su condición de soldados. La aborrecen. Se hallan siempre en el umbral de la deserción.

La oficialidad está compuesta en un noventa por ciento, por gente llevada a la escuela militar una veces por la miseria del medio y otras veces por el fracaso personal. La vocación militar apenas si asoma de raro en raro. Para comprobarlo basta con reparar en que, mientras en otro países la aristocracia puebla los colegios militares entre nosotros, los jóvenes “decentes” burlan la conscripción. Y en que hasta hace muy poco los severos padres de familia “metían” en la escuela militar al hijo más desalmado, jaranista y bribón. La escuela militar era para ellos una especie de escuela correccional donde “a punta de palo” eran enmendado los muchachos de mala índole y deshonestas travesuras(*).

No podemos tener, pues un ejército verdadero. Los peruanos no quieren ser soldados. Si aumentamos nuestros efectivos no será, evidentemente que hemos concentrado más soldados en nuestros cuarteles. Será que hemos concentrado más indios cogidos a lazo por subprefectos y gendarmes.

No debemos entonces engañarnos

No huyamos de la verdad por fea y amarga que sea. Antes bien busquémosla para dirigir nuestros pasos conforme a lo que ella nos diga. Busquémosla aunque nos diga que no somos  un pueblo militar y queramos serlo. Aunque nos diga que carecemos de ejército y queramos comprarle mil cañones. Aunque nos diga que nos hace falta desarrollo económico y queramos apertrechamiento bélico.

Desde hace un siglo aproximadamente consumimos nuestra energía en mantener nuestras milicias. Por el lujo de querer ser fuertes y marciales nos hemos olvidado de la necesidad de ser trabajadores y ricos. El pueblo, paupérrimo y miserable, ha vivido para alimentar un ejército. Y, a costa de todo estos, no contamos hoy con un ejército siquiera. Apena si hemos formado una burocracia más o menos bien comida y más o menos mal encaminada.

Y en vez de pensar en acuartelar soldados pensemos en formarlos. Ya vendrá el día que los acuertelemos. Si para nuestra felicidad es preciso que venga.

Fuente: Mariátegui, José Carlos (1918). Malas tendencias. El deber del ejército y el deber del estado. Nuestra Época, 2, p.4-5

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